Comentario: Si hubiéramos estado vivos cuando Jesús trabajaba en la carpintería en Nazaret o cuando caminaba por el Mar de Galilea cerca de Capernaúm, hubiéramos haber podido decir, "Ahí va Dios," y hubiéramos tenido razón. La realidad asombrosa de Jesús es que era Dios entre nosotros. Mateo lo llama Emanuel, "Dios con nosotros." En Colosenses 1, Pablo utiliza todos los superlativos que pueda para describir la preeminencia de Jesús sobre todo y todos. El es Dios con rostro humano. El es el que gobierna, el trancendente, el que reina sobre toda la creación. El es nuestro Salvador y nuestro sacrificio.
Oración: Dios Todopoderoso, no puedo comprender por que nos amaste tanto. Te hemos rechazado, despreciado, ignorado, blasfemado y exiliado a la periferia de nuestras vidas. Pero vez tras vez, estás ahí para escuchar nuestras súplicas y salvarnos de nosotros mismos. Perdóname, Padre, por no reverenciarte más. Perdóname por no reconocer la grandeza de Jesús y la extrema humildad que se requirió para que El se diera por mí. Pero Padre, ¡gracias! Gracias por ser paciente, sacrificial y tolerante. Gracias, en el nombre de Jesús, Amén.
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